In memoriam

CHÁVEZ

Por Andrés Piqueras

Supe por primera vez quién era Chávez, en 1992, en mi primer viaje a Venezuela. Justo cuando el comandante Chávez, junto con otros militares del MBR200, se levantó en contra el entonces presidente Carlos Andrés Pérez que venía asesinando a la población venezolana alzada contra las políticas de muerte que tres décadas antes que en Europa imponía el Gran Capital en América Latina (las tristemente célebres Políticas de Ajuste Estructural, que ahora empezamos a conocer aquí).

Su “por ahora” para hablar del levantamiento fracasado como hijo del pueblo, que pronunció cuando le detuvieron, marcó el principio de una nueva era en la relación entre Gobierno y sociedad en Venezuela.

Es cierto, como se ha dicho, que Chávez ha representado una experiencia nueva para la izquierda, que le ha costado mucho digerir y que tendrá que aprender a interpretar, más allá de esquemas tópicos (ni caudillo popular a lo Pancho Villa, ni populista -por más que se empeñen en presentarlo así- a lo Perón, ni “comandante en jefe” tipo Frente revolucionario, ni líder guerrillero triunfante a lo Ché o Fidel). Todavía recuerdo cómo en Argentina, en 1999, me decían los compañeros que no querían saber nada con milicos. Sus razones tenían, pero este era un “milico” diferente.

Chávez es una construcción colectiva propia de la por más tiempo imposible cohabitación nacional entre un sistema representativo totalitario que privatizó la política para la burocracia oligárquica, y una “sociedad excluida” sin cauces de expresión ni de acceso a ningún beneficio de la enorme riqueza del país. Una población que según las propias fuentes oficiales estaba en la pobreza en más de un 60%, siendo a la vez la más desarticulada de todo el continente (sin apenas organizaciones sociales o políticas).

Chávez es en cierto modo el parto de esas circunstancias propias de un modelo corrompido hasta el tuétano, que se desgasta a sí mismo, y es incapaz también de ofrecerse a sí mismo por más tiempo la alternancia. Se trata del mismo capitalismo periférico que luego empezó a estallar en Argentina, Brasil, Ecuador, Bolivia y poco a poco en todas partes.

Chávez es el producto de mil luchas, y de otras tantas brutales represiones de una población cansada de vivir en la miseria mientras los petrodólares inundaban las cuentas de la oligarquía económico-política del país [que se adueñó privadamente de todo el ciclo de producción, distribución y consumo]. Una oligarquía que alternándose en dos partidos, COPEI y ADECO, evadió del país en treinta años el equivalente a 5 planes Marshall, que se embolsó en torno a 300.000 millones de dólares, y que hizo cómplices suyas a las burocracias de unos sindicatos totalmente verticalizados, las mismas que hoy hacen huelgas para la patronal contra la democracia (por eso mismo, ¡qué asombroso!, sin perder el salario).

Chávez es el resultado del descabezamiento de las escasas organizaciones y movimientos populares, de la eliminación sistemática de líderes y opositores llevada a cabo por los gobiernos que se llamaron “democráticos”. La autodenominada Coordinadora Democrática que ha venido saboteando el país durante el gobierno bolivariano, agrupa o representa a los mismos que masacraron o aplaudieron las masacres de Caracas (“caracazos”) en 1989 y 1992, y los asesinatos estudiantiles de 1991, los mismos que dejaron a un país exhausto tras vender todos sus recursos a las multinacionales de la OCDE. En ella está la escuálida burguesía venezolana, que se benefició con la miseria de todos los demás.

Chávez, y el sector del Ejército que le ha apoyado, tenía la fuerza que a una población masacrada ya no le quedaba. Es la propuesta del gentío cuando el gentío, desangrado, ya no pudo ir más lejos por sí mismo, y militares “nacionalistas” se levantaron para tomar el relevo y proponer una alianza cívico-militar prácticamente sin precedentes en la historia latinoamericana.

Por eso poco importa lo que Chávez-persona sea. Lo importante es que fue modelado por esa población que empezaba a ser pueblo, a ser sujeto social, y él tuvo que expresar su discurso, tuvo que aprender a ser ella. Lo importante es que por primera vez en la historia venezolana Chávez-pueblo ha abierto la posibilidad de que la “sociedad excluida” de siempre se autoorganice, ha abierto la esperanza de que en breve ya no se necesite de él, como la mariposa ya no precisa de la crisálida, que sólo tiene sentido para posibilitarla.

La “revolución bolivariana” comenzó con desigual éxito a sentar los cimientos de esa metamorfosis: los círculos bolivarianos, los círculos de producción, los sindicatos bolivarianos, la Asamblea de Barrios, la Asamblea Popular, querían significar eso. Por primera vez hubo posibilidades para la población venezolana de una “cultura política”, de una formación social.

Algunas de sus medidas también comenzaron a ser esperanzadoras: transformación institucional sin par, racionalización y conversión progresiva de la política fiscal, acuerdos con las comunidades indígenas para que recuperen el control de sus tierras, aguas y subsuelos, alfabetización y programas de nutrición infantil, reivindicación nacional de los recursos, fijación estatal de las tarifas eléctricas, creación del Banco de las Mujeres, Operaciones Milagro, Ley de Tierras para comenzar a distribuir las mismas a costa de los latifundios, “siembra del petróleo” para invertir buena parte de sus ganancias en el campo, Misiones sociales…

Demasiadas cosas para que los poderosos de la Tierra se quedaran de brazos cruzados. El gobierno de Aznar y las multinacionales españolas, que junto con el PSOE, se apresuraron a saludar el “derrocamiento” de Chávez (los primeros en el mundo)* y el según ellos “triunfo de la democracia frente al populismo” tras el fallido golpe de abril de 2002, no han dejado en todo este tiempo de vilipendiarle.

Chávez, que ha permitido que los media queden en manos de la burguesía, ha tenido que vérselas con lo mismo, sólo que en su propia casa (¿qué gobierno europeo permitiría eso?). Un presidente que se propone la tarea de distribuir la riqueza y al mismo tiempo no puede permitirse el lujo de incumplir de golpe con el FMI, ni de cortar el suministro energético a EE.UU., ha jugado permanentemente en la cuerda de la muerte.

Y es muy probable que al final haya terminado pagando con su vida tanta osadía. Su muerte es probablemente otro magnicidio más de los muchos perpetrados por EE.UU. en América Latina y el mundo.

La “democracia” de los poderosos, ya se sabe, sólo vale cuando les vale a ellos. Cuando a nadie se le ocurre desafiar a las diferentes versiones de lo mismo que han preparado.

Chávez se rebeló e intentó cambiar la base histórica de la sociedad probablemente más desestructurada de América, donde los niveles de individualismo, corrupción como hábito de vida en todas las esferas, desconfianza mutua e informalidad, se unieron a la falta de redes, estructuras u organizaciones sociales que pudieran dar cuerpo a algo remotamente parecido a una ciudadanía. El síndrome consumista formado en torno al gran surtidor del petróleo, la subordinación ideológica y el arraigado oportunismo, se acompañaron de una violencia estructural y uno de los niveles más altos de delincuencia en el mundo (durante muchos años Caracas ha figurado entre las 5 ciudades más peligrosas del planeta).

En las más de 10 veces que después del 92 volví a Venezuela junto a sus movimientos sociales, comprobé instalada la corrupción y el “trepismo” incluso en los círculos más cercanos a Chávez. Demasiada tarea para un solo hombre.

Según el oro negro se vaya haciendo más y más escaso, el petróleo de Venezuela cobrará cada vez más importancia. Según las contradicciones del Gran Capital estallen entre sí e impidan su dinámica de acumulación, más brutal se tornará. Un gobierno hecho por la gente (aunque todavía sin protagonismo político de las grandes mayorías), es, de todas formas, un “peligro intolerable”.

Todo depende ahora de la capacidad de esa gente venezolana de ser pueblo. Es decir, de tener muy clara su conciencia de clase y saber quiénes y dónde están sus enemigos.

Y lo mismo para el resto de poblaciones latinoamericanas.

El legado en el que agruparse y protegerse que deja Chávez no es despreciable. ALBA, UNASUR, CELAC, el Sucre, el Banco del Sur, la Universidad del Sur, TeleSur, lazos de mutua ayuda con países de otros continentes…

Por todo ello… ¡muchas gracias Hugo Chávez!

Sabes que para muchos ya eres el nuevo Bolívar.


 

* Para una versión documentada sobre la implicación del gobierno español en el fallido golpe a Chávez de abril, ver http://www.pce.es/mundoobrero. Documento del 24.05.02.


 

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